Defensa de Cerro Gordo contra el Ejército Norteamericano

La batalla de Cerro Gordo sucedió después de la ocupación del Puerto de Veracruz, durante la campaña militar emprendida por los estadounidenses para capturar la ciudad de México y obligar al gobierno mexicano a reconocer las conquistas de las tierras del norte.

 

La caída del Puerto de Veracruz sería la señal de alarma para el gobierno, es por ello que Santa Anna se enfocó en detener a los invasores en su camino a la ciudad de México; el General Wilfeld Scott por su parte decidió tomar la ruta que iba por Jalapa, Perote y Puebla, para finalmente tomar la Ciudad de México.

 

En el camino del Puerto de Veracruz a Jalapa se encuentran del lado derecho los Cerros del Telégrafo y el de la Atalaya, a la izquierda se encuentra una enorme cañada o desfiladero; el terreno escogido por Santa Anna tenía algunas desventajas como la falta de agua y la posibilidad de ser atacados por la retaguardia, era latente, los pormenores los hizo saber el teniente coronel de ingenieros D. Manuel Robles, sugiriendo la batalla tuviera lugar en Corral Falso, donde no se presentaban aquellos problemas; sin embargo era la voluntad de Santa Anna la que se impuso y mando al coronel Robles comenzara con la fortificación de Cerro Gordo. Es muy probable que la construcción que se encuentra al fondo cerca de la esquina superior derecha sea parte de las fortificaciones que se mandaron hacer en el cerro de la Atalaya.


El choque de los ejércitos se dio a medio día del 17 de abril de 1847, durante la batalla Santa Anna estuvo presente, y según el testimonio de los autores de Apuntes para la historia de la guerra… su presencia subió los ánimos de las tropas y mientras tanto la batería que se había emplazado en la cima hizo muchos estragos sobre los norteamericanos, la batalla se prolongó durante horas, los soldados mexicanos pelearon con valor y coraje, enfrentando la muerte con arrojo, hasta que finalmente los invasores se tomaron la posición de la Atalaya, no logrando avanzar más y desistiendo por ese día, teniendo que replegarse al cerro de la Atalaya y las cañadas cercanas; aproximadamente a las cinco de la tarde se difundía sobre el campo mexicana la alegría de ese éxito; la noticia del triunfo fue llevada de manera inmediata a México.

 

 


 

 


 

 

El segundo oficial  se encuentra en el centro del primer plano, en su mano derecha porta un sable con el cual señala hacia la posición de los soldados mexicanos, invitando a los soldados a disparar o dirigirse en la dirección en que apunta.

 

 

En el grupo del primer plano se observan muchos soldados norteamericanos muertos, tirados en el suelo sin señal de vida; heridos, como algunos soldados que tienen la postura de estar cayendo ya sea hacia adelante o hacia atrás;  y agonizantes, como podrían ser aquellos soldados que se encuentran de rodillas apoyando sus manos sobre el suelo; sin lugar a dudas el número de soldados norteamericanos caídos y lesionados superan el número de los mexicanos; la escena de la batalla en cuestión se podría explicar a través de las siguientes palabras:

el fuego de fusilería era tan vivo como el ardor de la pelea: la muerte, agitando sus alas sobre aquel campo ensangrentadola espesa humareda que envolvía a millares de hombres encarnizados en la lucha: nuestros soldados caían a montones en medio de aquella confusión, y los enemigos, cayendo también, eran instantáneamente reemplazados por otros que parecían reproducirlos” .

 

La “humareda” es perfectamente representada por esa nube, que parece dividir el campo de batalla, dejando entre ver a las tropas mexicanas. La caída de los soldados es visible en la parte estadounidense, y esta aparente producción de soldados norteamericanos puede estar representada con la forma en la cual los soldados arriban a la escena y se dirigen a la línea de tiro.

 

 

Los invasores parecen ir cuesta arriba empujando a los mexicanos, ganando mayor terreno representado en una mayor presencia norteamericana en el primer plano de la litografía, es probable que Bastin se basara en la parte del testimonio que dice:

los enemigos, sobrepujando con el mayor número los esfuerzos de los nuestros, se apoderaban sucesivamente de las obras bajas de la posición, y sin perder un instante, ascendían rápidamente a asaltar la última de la cumbre 

 

La batalla se comenzó a complicar con el constante ataque norteamericano, que empezó a infundir temor dentro de las filas del ejército mexicano, haciendo que unos soldados, muy humanamente se preocuparan por su supervivencia en lugar de la defensa de la patria, así que decidieron colarse entre los heridos para retirarse del campo de batalla. El general Bananeli decidió usar el último recurso, la bayoneta, y cargar en contra del enemigo, cuando él y sus tropas entraron en acción se vieron rodeados rápidamente, entraron en pánico sus tropas, tratando de huir, fueron inútiles los esfuerzos del general para tratar de contener a sus hombres; en la hora final de la batalla las tropas mexicanas bajaban del cerro en una multitud homogénea y en lo alto del cerro del Telégrafo entre el humo y el fuego se veía hondeando unos instantes más la bandera mexicana, siendo sustituida tan pronto como invasores tomaron esa posición  .

 

 

Lo que la litografía suprime son esos últimos momentos donde el caos y pánico imperaban entre los mexicanos, no se ve la desesperación, ni la desesperanza al ver ondear el pabellón norteamericano, no se captura la superioridad tecnológica de los norteamericanos de la cual hablan los autores de Apuntes para la historia de la guerraEl enemigo arrojaba sin cesar granadas, cohetes y toda clase de proyectiles…”. De igual forma no se plasmó nada sugerente de la desorganizada retirada que se arremolinaba en una vereda estrecha sobre el desfiladero que baja al Plan del Rio, en medio de toda esta confusión quedó regado el prestigio y pudor militar.

 

La litografía de Cerro Gordo muestra la resistencia, valentía y determinación del ejército mexicano ante el avance norteamericano, la escena que se plasma es un choque directo de los ejércitos, posiblemente ya al final de la batalla del día 18 de abril, pues se reconoce a primera vista una mayor presencia estadounidense que va avanzando hacia el pabellón mexicano, el cual se encuentra ondeando detrás de la línea de tiro mexicana, que hace un último esfuerzo para no perder la posición.

Es posible que ese valor, coraje y valentía del que se da testimonio haya tratado de ser plasmado en la litografía, cuando se observa a los soldados mexicanos que hacen fuego sobre los soldados norteamericanos desde un segundo plano, entrecubiertos por el humo de los disparos; las fuerzas mexicanas parecen formar un muro para impedir el avance norteamericano. Si se observa con cuidado la línea mexicana no se vislumbra ni un muerto a primera vista, sugiriendo una idea de fortaleza; en la línea de tiro está presente un soldado arrodillado con su manos sobre el suelo, que pareciera se niega a morir, este soldado podría ser la representación del coraje. Un poco a la derecha, junto a la nube de humo sobre el suelo, se puede observar de manera sugerente, la silueta de unos pies flexionados, posiblemente sean de un muerto o de un herido.

 

El testimonio del día 18 parece ir más acorde a la escena de estudio en cuestión, “Al amanecer el día 18, el estruendo del cañón enemigo resonó en aquellos campos como anuncio solemne de la batallaflameaba nuestro pabellón, y bajo su sombra, desde aquella altura, se descubría una línea de hombres que debía servir de muro contra el invasor.”.  Esta cita parece capturar en mejor manera la escena que vemos de los soldados mexicanos en segundo plano.

En el primer plano se aprecia un gran número de tropas norteamericanas que disparan en contra del muro de soldados mexicanos, entran a la escena desde la parte baja derecha de la composición, y su número es superior al de los mexicanos. Sobre la esquina inferior derecha se encuentran algunos personajes a caballo, por su vestimenta se puede llegar a creer que son oficiales que dirigen el ataque y arengan a las tropas a seguir avanzando; entre esta multitud se hace muy visible la bandera norteamericana que va siendo llevaba por un soldado, dentro de esta aglomeración  se pueden observar a dos oficiales que van a pie, el primero está frente al caballo que se encuentra parado sobre sus patas traseras, este personaje no tiene mochila o porta algún fusil, lleva en la mano izquierda un sable y tiene una postura que sugiere que incita a las demás tropas a seguirlo, estas tropas a las que se dirige, parece que se encuentra fuera de la imagen.